Ha cambiado la forma de trabajar con la IA. Ahora te cobran por tokens consumidos.
¿Realmente es más caro?
A día de hoy, llevo gastado el 95 % de los 20.000 créditos que tengo con la suscripción que Avanade pone a mi disposición para uso personal. Lo primero de todo, muchas gracias por permitirme "jugar" a mi libre albedrío con la IA.
Y digo jugar porque eso es exactamente lo que he hecho desde que empecé a usarla.
Hasta este cambio de paradigma me dedicaba a probarla para entender cómo se comportaba según cómo actuaba yo: a "aporrear" GitHub Copilot, darle muchísimo contexto o ninguno, preguntarle qué fallaba sabiendo perfectamente cuál era el error... Como un niño que sabe que no puede hacer algo, pero mira de reojo a sus padres para medir hasta dónde puede llegar antes de que le riñan.
He pasado por frustraciones que podría haber evitado, pero no quería evitarlas. Quería entender el porqué. Y, como les pasa a los niños, muchas veces también he llegado a "perder la partida". Pero siempre aprendía algo. Hasta que llegó el cambio: llegó el límite. Y cuidado... que jugando me podía quemar y quedarme sin tokens.
Mi mente, que no sabe parar de crear, empezó a darle vueltas.
"Necesitas algo que te ahorre tokens."
Así que empecé a investigar herramientas, motores internos y muchas otras cosas que podía usar en local antes de gastar un solo token.
Iba a dar una sesión y pensé: "Pues la hago sobre esto y así lo aterrizo de verdad."
Resultado: un 4 % menos de créditos y un sabor agridulce.
La sesión estuvo genial y la idea funcionaba, pero me quedé con la sensación de que todavía podía exprimirla mucho más.
Quería probarla en distintos proyectos, integrarle conocimiento de repositorios externos, convertirla en un paquete autoinstalable de npm y seguir tirando de muchas ideas para las que simplemente no me había dado tiempo.
Y claro... volví a jugar.
Otros 40 % de los créditos desaparecieron. Pero esta vez sí: después de diez versiones, por fin tenía una herramienta muchísimo más potente de la que me sentía realmente orgulloso.
"¿Pero tú qué haces con Copilot?"
Y eso trajo otro problema: antes Copilot siempre acababa diciéndome algo parecido a: "Muy bien... pero todavía podría quedar mejor. O, si quieres dejarlo ya en plan pro, deberíamos..."
Y terminaba con la frase que todos conocemos: "¿Quieres que lo hagamos?"
Y tú pensabas: "Si es gratis... dale."
Veía qué hacía, aprendía algo nuevo y seguía tirando. Si abrís las conversaciones internas que mantiene, veis que intenta razonar: por qué ha elegido ese plan, por qué cree que ha fallado, qué alternativa propone...
Al final, si me interesaba me quedaba el cambio. Y si no... tan sencillo como no guardar el archivo.
Ahora todo eso sale de "mi bolsillo". (Gracias otra vez, Avanade... que en realidad es del vuestro 🤣).
Después me dio por crear otro par de boost: uno para auditar código legacy y otro especializado en frontend. Todavía están en pruebas, pero los compartiré dentro de poco.
Entre los dos se fue otro 30 % de créditos. En apenas dos semanas me había fundido prácticamente tres cuartas partes.
Hablando con algunos compañeros flipaban: —¿Pero tú qué haces con Copilot?
Mi respuesta era siempre la misma: jugar. Y creo que esa palabra resume perfectamente cómo vivo la IA.
Hay gente que después de trabajar se pone a jugar al Minecraft. Otros al FIFA. Yo abro GitHub Copilot.
Puedo garantizar que el 90 % de las veces que lo utilizo fuera del trabajo lo hago por ocio, porque me divierte y porque me permite aprender sin presión.
No tengo que pensar cuál es la solución perfecta para un cliente, no tengo restricciones y no hay un deadline. Simplemente construyo, pruebo, rompo cosas, las vuelvo a montar e intento pasar de nivel.
Y, como en cualquier juego, también hay frustraciones. Hay momentos en los que llevas tanto tiempo peleándote con algo que acabas diciéndole: "IA... apágate tú sola, por favor..."
(Obviamente, nunca lo hagas, querida amiga 🤭😘).
Pero pasa igual que en cualquier videojuego: si llegas al jefe final y lo derrotas en diez segundos piensas "vaya mierda de juego". Sin embargo, cuando llevas horas peleándote con él, probando estrategias distintas, perdiendo una y otra vez y al final consigues derrotarlo...
Fua... qué pepino. Cómo lo disfrutas. Para mí esto funciona exactamente igual.
Y, como en cualquier juego, también puedes elegir el nivel de dificultad: fácil, medio o experto.
Con un cliente intento jugar siempre en modo experto. Cuando estoy experimentando por mi cuenta, normalmente elijo fácil o medio, porque el objetivo ya no es entregar un proyecto: es disfrutar aprendiendo.
Lo malo es que, como cualquier juego, también engancha. Y sí: yo soy.
Fueron muchas horas jugando a coste cero. El juego era gratis: lo abrías y empezabas una partida nueva, con infinitas pantallas, cada una distinta, y la misma partida jugada de mil formas diferentes. Para mí era el juego perfecto. ¿Cómo no me iba a enganchar?
Hasta que un día cambió. Ahora el juego sigue siendo el mismo, pero ya no pagas por comprarlo: pagas por el tiempo que pasas jugando. Imagina que el FIFA costara 10 céntimos por cada hora.
¿Sería caro? Pues... depende del jugador.
El límite que me devolvió el tiempo
El caso es que ahora tenía que buscarme otra afición.
Es cierto que el Mundial y las fiestas de la Karmela han ayudado 😅, pero de repente me di cuenta de que tenía tiempo para hacer cosas que llevaba muchísimo tiempo posponiendo: quedar más con la gente, volver al gimnasio, retomar el inglés, prepararme una nueva certificación y volver a leer.
Sí, volver a leer. Era de esas personas que decían que leían y, si les preguntabas cuál había sido el último libro, respondían algo tipo Harry Potter... pero cuando salió 😂. Bueno... igual no tanto, pero sí llevaba casi tres años sin leer un libro simplemente por disfrutarlo.
No porque fuera técnico. No porque me fuera a servir para el trabajo. Simplemente sentarme, abrir un libro y disfrutar de la historia.
Y, sobre todo, volví a tener tiempo para mí. Tiempo de verdad. Hacía mucho que no me preguntaba: ¿qué tal estoy? ¿hacia dónde voy?
Vivimos una revolución constante: nuevos modelos, nuevas herramientas, nuevas tecnologías y conceptos nuevos prácticamente cada semana.
Y yo quería mantenerme al día de todo: porque tenía clientes esperando respuestas, porque quería seguir aprendiendo y porque quería entender cada novedad antes que la mayoría.
Y gracias a la IA sentía que podía hacerlo. Todo iba diez veces más rápido, siempre había una conversación más, una prueba más, una herramienta más... y me parecía maravilloso.
¿En qué momento iba a parar para pensar en mí? La respuesta es que no lo hacía.
Y, curiosamente, ha sido el consumo por tokens el que me ha devuelto esa sensación de control y me ha obligado a volver a poner el foco donde realmente importa: en las personas.
Y, aludiendo a otro juego, "...por todos mis compañeros y por mí el primero." ❤️
Y precisamente cuando vuelvo a poner ese foco en las personas, se cruza Tech Riders 5.0. (Spoiler 😏)
Si todo sale bien, en septiembre estrenaremos una nueva plataforma que centralizará toda la comunidad. No será solo una web: será el centro neurálgico de Tech Riders.
Un único lugar desde el que conectar todas nuestras actividades, el contenido, las iniciativas y, espero, reforzar todavía más ese sentimiento de comunidad que llevamos años construyendo.
Y ahora alguno estará pensando... "Espera... las cuentas de los tokens no me salen y esto esta terminando."
Pues no. Porque todavía me quedaba un 21 % de créditos, y ese 21 % no se fue en seguir "jugando": se fue en construir prácticamente de principio a fin esa plataforma.
La IA me ayudó a convertir una idea en una base funcional, validar enfoques, iterar mucho más rápido y construir en días cosas que antes me habrían llevado semanas.
Pero hay algo que ningún modelo ha hecho por nosotros: las reuniones con el equipo, las decisiones, cambiar una funcionalidad porque encontrábamos una idea mejor, debatir cómo queríamos que fuera la experiencia de la comunidad o rehacer partes enteras no porque estuvieran mal, sino porque entendíamos mejor hacia dónde queríamos ir.
Todo ese tiempo sigue siendo humano. La IA no tomó una sola de esas decisiones. Simplemente nos permitió llegar antes a ellas.
Y creo que esa es uno de los mayores refuerzos que me llevo: la IA acelera el camino, pero la dirección la seguimos marcando las personas.
¿La IA es cara... o es caro nuestro tiempo?
Y entonces me hice una pregunta: si esos 20.000 créditos los hubiera tenido que pagar yo, la factura rondaría los 185 €.
¿Es dinero? Sí. ¿Es caro? Depende.
Y quiero dejar una cosa clara: no pretendo decirle a nadie en qué debe gastarse su dinero. 185 € pueden ser mucho o poco según la situación de cada uno, y eso es completamente respetable.
Lo que sí me hizo reflexionar fue otra cosa: muchas veces pagamos cantidades parecidas por una licencia de software, por un par de herramientas SaaS o por cualquier otra inversión que creemos que nos va a aportar valor.
Entonces... ¿por qué con la IA la primera pregunta suele ser cuánto cuesta y no qué te devuelve? Porque esa es la pregunta que realmente importa.
¿Qué he conseguido gracias a esos 185 €?
En mi caso no solo han sido herramientas, ni solo código: han sido horas de aprendizaje, una herramienta reutilizable que ya va por diez versiones, dos asistentes especializados que compartiré en cuanto estén listos y la base de una plataforma que será el centro neurálgico de Tech Riders 5.0.
Y, curiosamente, también recuperar tiempo para volver al gimnasio, leer por placer, estudiar inglés, preparar una certificación o simplemente quedar con la gente.
Si únicamente hubiera conseguido generar más código, probablemente diría que es caro. Pero si esa inversión me devuelve aprendizaje, herramientas que voy a reutilizar durante años, (en los tiempos que corren igual meses 🤭), tiempo para compartir con los demás y tiempo para mí, entonces el cálculo cambia por completo.
Y ahí el quid de la cuestión: quizá el problema nunca fueron los tokens. Lo realmente caro siempre ha sido nuestro tiempo.
Nos acostumbramos tan rápido a hacer las cosas diez veces más deprisa que empezamos a creer que podíamos llegar absolutamente a todo: una conversación más, una prueba más, una herramienta más.
Y sin darme cuenta, el recurso que realmente estaba consumiendo no eran los tokens: era mi tiempo.
Poner un límite a los tokens me obligó a pensar mejor, preparar mejor el contexto, hacer mejores preguntas y aprovechar todo lo aprendido durante cientos de horas "jugando".
Y me di cuenta de que no quería dejar de jugar. Al contrario: quiero seguir jugando igual, pero mejor.
Mi objetivo ahora es que todo aquello que hace unos meses me llevaba cuarenta horas de pruebas, errores y conversaciones interminables, y a saber cuántos tokens, mañana sea capaz de conseguirlo en menos. No porque juegue menos, jugaré lo mismo y aprenderé mucho más porque cada partida me ha enseñado algo.
Toda esa experiencia hace que hoy sea capaz de sacar mucho más partido a cada token que consumo. Optimizar los tokens ha sido simplemente la consecuencia. Lo que de verdad he optimizado ha sido mi tiempo.
Porque, al final, como en cualquier juego, no gana quien más horas juega. Gana quien más aprende en cada partida.
Y si después de todo este tiempo tengo que responder otra vez a la pregunta de si la IA se ha vuelto cara, mi respuesta sigue siendo la misma:
La IA me cuesta 185 €... y nunca me había salido tan barata. Porque optimizando los tokens, he terminado optimizando lo más valioso que tengo: mi tiempo.
